Los Mundiales suelen recordarse por sus goles imposibles. Una falta que entra por la escuadra, un disparo desde treinta metros o una volea inesperada quedan grabados mucho más rápido que un remate a dos metros de la portería. La memoria funciona así. El marcador, no tanto. Los datos de esta Copa del Mundo explican que el gol sigue naciendo, casi siempre, en los últimos metros. El documento estadístico del torneo deja una fotografía bastante clara. Sin contar las propias puertas, 158 de los 183 tantos registrados por zona de remate llegaron desde dentro del área. Es decir, el 86,3%. Desde fuera se marcaron 25, apenas el 13,7%. La diferencia es tan amplia que prácticamente define una de las grandes tendencias del campeonato. El Mundial se está resolviendo cerca de la portería rival. Los ejemplos aparecen en casi todos los favoritos. Brasil ha marcado sus siete goles desde dentro del área. México ha hecho lo mismo con sus seis tantos. España, Colombia, Noruega, Uruguay o Turquía también presentan el 100% de sus goles desde esa zona. Alemania, una de las selecciones más goleadoras del campeonato, ha conseguido nueve de sus diez tantos dentro del área. Holanda ha marcado ocho de nueve. Canadá y Japón, seis de siete. La tendencia no pertenece a un solo estilo de juego, sino a casi todos. El disparo lejano, en cambio, aparece mucho menos de lo que suele sugerir el recuerdo de los mejores goles. Francia ha marcado dos de sus seis tantos desde fuera del área y Argentina, Holanda, Japón, Marruecos o Estados Unidos han encontrado esa vía en alguna ocasión. El caso realmente diferencial es Suecia, que rompe la lógica general del torneo con cuatro de sus siete goles desde fuera. Es la excepción más llamativa de un Mundial en el que la larga distancia está teniendo un peso menor. Las faltas directas también han perdido protagonismo. En los datos del torneo solo aparecen cinco goles de libre directo, repartidos entre Argentina, Cabo Verde, Canadá y Portugal. Es una cifra muy baja para una competición con tantas selecciones, tantos partidos y tantos especialistas sobre el césped. El golpeo parado sigue siendo una amenaza, pero el gol directo de falta se ha convertido casi en una rareza. Los penaltis tampoco están teniendo un peso decisivo. Solo ocho goles del torneo han llegado desde los once metros. Alemania, Argentina, Inglaterra o Suiza figuran entre las selecciones que han encontrado el gol por esa vía. Son acciones importantes y capaces de decidir partidos, pero su influencia sigue siendo reducida en comparación con el volumen total de tantos anotados durante la fase de grupos. El desglose por forma de finalización también apunta en una dirección parecida. De los 191 goles registrados en el torneo, 114 llegaron con la pierna derecha y 44 con la izquierda. Los remates de cabeza fueron 21, alrededor del 11% del total, mientras que las propias puertas sumaron 12. No es un Mundial dominado por el juego aéreo ni por las acciones aisladas. La mayoría de los goles nacen de jugadas que terminan con remates a pocos metros del portero. La lectura defensiva conduce a la misma conclusión. Más de una veintena de selecciones han recibido todos sus goles desde dentro del área, una prueba de que el peligro real sigue concentrándose cerca de la portería. Incluso equipos muy competitivos han comprobado que los problemas aparecen cuando el rival consigue pisar el área con frecuencia y encontrar posiciones de remate favorables. La conclusión no es que el golazo haya desaparecido. Sigue existiendo y seguirá siendo el que más se comparta, el que más se repita y el que más espacio ocupe en los resúmenes. Lo que dicen las estadísticas es otra cosa. En este Mundial se marca, sobre todo, desde cerca. Las faltas directas apenas aparecen, los penaltis tienen un peso limitado y el disparo lejano queda reservado para casos muy concretos. El fútbol cambia, pero la zona donde se deciden los partidos sigue siendo la misma.
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