Sudores fríos, paradas de Oblak, un rival volcado sobre su área y gol en contra en el último instante en Brujas. Es la vida del Atlético, que desperdicia un botín en la ida del playoff de la Champions, después de ir ganando 0-2 y 2-3. Un partido defectuoso y plano que condujo al equipo de Simeone al sufrimiento conocido. Como si no hubiera otro horizonte en este club. No hay mundo de penurias para el Atlético en el primer tiempo en Brujas, donde la lluvia va de menos a más hasta convertir el campo en un mini-dana que todo lo encharca. El club colchonero se abraza a la buena suerte, azar favorable donde tantas veces sufrió el infortunio. El partido amanece con un regalo. El lateral Seys salta a por el balón en un barullo y lo embolsa como si acunara a un bebé en clara actitud involuntaria. Pero entra en acción el lenguaje del nuevo fútbol, posición antinatural, acción temeraria y esas cosas, y el árbitro decreta penalti tras revisar el VAR. Gol de Julián Álvarez, fuerte a la derecha, confianza en el disparo, ánimos renovados. El Atlético se impulsa con un 0-1 después de una maniobra en un córner como máximo activo en ese tramo. Lookman, rápido, diferente, eléctrico, le ha quitado la plaza en la izquierda a Álex Baena, un talento que amenaza con marchitarse en el 'cholismo'. Un ecosistema que, salvo Griezmann y alguna excepción de similar calado, nunca fue un terreno abonado para los futbolistas de buena técnica. Será casualidad o será el hábito, pero el Brujas somete al Atlético en la siguiente pantalla. Es la habitual desesperación que cunde entre los aficionados rojiblancos después de un gol. El Brujas presiona y lo hace bien, con ardor guerrero recupera balones cerca de Oblak sin que los jugadores del Atlético sepan leer la nueva situación. Los belgas tienen pulmones frescos y exprimen el aliento. Los atléticos se atoran en insensatas florituras cerca del área, pases comprometidos o regates de dudosa eficacia. En vez de estirar el campo, de profundizar por velocidad, comprometen a Oblak. El portero esloveno, que es una garantía aunque no el mercader de los milagros de hace un lustro, se multiplica en estiradas, paradas y salidas de su marco porque el gol ronda su portería. Realiza al menos tres detenciones de mérito en plena centrifugadora del Brujas, que quiere y puede. Lookman enseña su repertorio de virtudes. Caza balones por arriba que son más propios del corpachón de Sorloth, retiene la pelota hasta que encuentra una pierna amiga y apenas concede un pase erróneo. Jugador muy interesante. Por el otro lado se aprecia la doble cara de Giuliano. Su carácter indomable, su talante avasallador, siempre la lucha, el esfuerzo total que se aplaude y la gente atlética valora hasta el el límite máximo. Pero también la falta de calidad en acciones por el centro, últimos pases, huecos filtrados... Por la banda es una flecha y tiene memorizado el pase lateral, pero flaquea por otros sectores. Es una noche que parecía de cara para el Atlético. Pero no. Ha jugado fatal y marca el segundo en un saque de esquina. Lo lanza Julián, lo peina Griezmann y lo remata de rodilla Lookman, un tipo con estrella. El botín dura quince minutos por esa enfermiza tendencia del Atlético de echarse atrás, de defender los goles, que procede de varios lustros con Simeone. El equipo retrocede en exceso, se deja amenazar en vez de ir a por el partido y sentenciar la eliminatoria, como ante el Betis o el Barça en la Copa. Onyedika marca el primero del Brujas en la típica jugada de concesión. Barullo en el área y una pierna que ajusticia a Oblak. El segundo llega nueve minutos después, la penetración por la banda, la parálisis de Hancko y Ruggeri y el remate por anticipación de Tresoldi. Empate en la eliminatoria y vuelta a empezar. Como tantas noches, con esa irritante doble línea de cinco y cinco en defensa que son diez jugadores guareciendo una puerta y reculando. Simeone mueve el banquillo y aporta futbolistas con otro estilo para refrescar ideas y ambiente. Y todo. Baena por Lookman y Sorloth por Griezmann. El toque del internacional y el cuerpo del noruego. Pero el devenir del partido, la remontada del Brujas que viene embalado, atenaza a los rojiblancos, que juegan con exceso de tensión, demasiado nervio, poca precisión. Ordoñez marca en propia en lo que parece la sentencia. Pero tampoco. El Brujas remata una y otra vez, acosa el área, termina el partido encerrando a su rival, hasta que logra el premio. Un gol en el tramo final que provoca desasosiego y decepción.
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