El día antes de que detuviesen al comisario jubilado José Manuel Villarejo todavía hubo quien le pidió un favor. No era el primero, quién sabe si fue el último, pero como a tantos otros que se cruzaron en la vida del polémico policía, no le salió bien. Aquella cita postrera fue también la última en la que el comisario sacó la grabadora a pasear. Ya llevaba un año sentado en Estremera cuando el inspector jefe que aquella tarde le confesó sus miserias ingresaba por esa cinta en prisión preventiva. Quizá cuando se acercó a él no sabía que Pepe, alias «Villano», alias «Gran Grabador», según a quien se pregunte, estaba en caída libre. Y eso que hacía sólo cuatro meses se... Ver MásDe España https://ift.tt/3bvE36W






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